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DOCE PASOS

  • 30 may 2016
  • 1 Min. de lectura

Admitimos que éramos impotentes ante la comida, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables

  1. Llegamos al convencimiento de que un Poder Superior podrá devolvernos el sano juicio.

  2. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.

  3. Sin miedo, hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.

  4. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos.

  5. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de todos estos defectos de carácter.

  6. Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.

  7. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.

  8. Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.

  9. Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.

  10. Buscamos, a través de la oración y la meditación, mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla.

  11. Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a los tragones y practicar estos principios en todos nuestros asuntos.


 
 
 

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